Características

La gamba blanca, llamada según los lugares gamba de plástico, transparente o langostinera, se encuentra sobre todo en el océano Atlántico y en gran concentración en la costa sur de la Península Ibérica. En el Mediterráneo hay poca cantidad y su color claro, que le da estos apodos que varían según el puerto pesquero, no le hace siempre justicia ya que algunos comedores de gamba roja la consideran de inferior calidad organoléptica. También es llamada gamba de altura ya que vive en terrenos arenosos por encima de donde suele vivir su pariente roja, se puede encontrar habitualmente en suelos marinos de entre 200 y 500 metros de profundidad. Su sabor es más suave que el de la gamba roja aunque su dulzura sutilmente aromática la hacen una comida delicada y apreciada por los gourmets más críticos. Aparte de su color, la mejor manera para diferenciarla es su tamaño, raramente los ejemplares llegan a ser tan grandes como los de su pariente.

Como se limpia

La gamba blanca, tal y como ocurría con la gamba roja, tiene una vida útil muy corta cuando es fresca. Lo mejor es consumirla el mismo día que la adquiera y en caso de querer conservarla hasta el día siguiente hay que ponerla en contacto con hielo (si separa la gamba del hielo con un papel film la conservación será mejor) y con una rejilla en la parte inferior de la fiambrera para que al fundirse el hielo no entre en contacto con la gamba, el agua derretida le aportaría mal sabor y le acelera el cambio de color (en violeta). Si la desea congelar, hay que colocarlas en la superficie plana de una fiambrera sin que se toquen y hacer capas sucesivas separando cada una de ellas con papel film. Para descongelarlas las puede sumergir en agua fría y así de paso ya quedarán limpias.

Como se cocina

La cocina de la gamba blanca es la cocina del sur de la Península, la que forma parte de la cultura de las tapas y las cañas, de hecho la gamba blanca es servida en Cádiz como aperitivo habitual en muchos bares y restaurantes y tradicionalmente la manera en que es consumida es simplemente escaldada, a continuación os lo contamos. En nuestra cocina la gamba blanca puede ir a tantos lugares como la roja, en mar y montaña, cocida a la parrilla, recibiendo inspiraciones de culturas alimentarias lejanas formando parte de un tartar, etc. Su delicadeza la puede adecuar a cualquier plato (siempre que la cocción sea la óptima y la combinación organoléptica no excesiva).

Hoy la cocinamos con agua, sal y laurel

Aunque parezca fácil, no todos sabemos hacer una buena gamba “hervida” o escaldada.

Es importante poner una cantidad abundante de agua salada a hervir, con una concentración de sal similar a la concentración del agua del mar, unos 35g de sal por litro de agua.

Si les gusta el aroma puede añadir una hoja de laurel.

Una vez el agua hierva, añadir una cantidad razonable de gambas teniendo en cuenta el tamaño de la olla y la cantidad de agua que hay hirviendo.

Una vez el hervor arranque de nuevo, retirar las gambas con una araña y enfriar en un baño de agua y hielo también salado a la misma concentración que tendrá ya preparada.

Cuando estén frías se pueden guardar en la nevera, cubiertas con una película en contacto que las mantenga húmedas para que no se sequen.

Son excelentes servidas frías y acompañadas, al gusto del consumidor, con una buena salsa para mojarlas.

Pruebe mezclando dos cucharadas soperas de mayonesa, una cucharada de café con leche de mostaza y el zumo de medio limón.

Agregar pimienta al gusto y si les gusta, la piel del limón (o lima) rallada fina.

Una combinación aromática y refrescante ideal para combinar con una cervecita bien fresca.